Feinberg y Robin's
(Publicado en CarlaAntonelli.com el 6 de marzo de 2006)
Leslie Feinberg ha sido culturista; un día se hizo una fotografía en la que aparece con la típica pose, de tres cuartos, el pelo a cepillo, el brazo derecho levantado en forma de ele mayúscula, el izquierdo a juego, el torso medio de frente, la pierna derecha adelantada y la izquierda atrasada, el cuerpo entero muy musculazo y haciendo violentos contrastes de sombra y luz, y los brillos del aceite. Por supuesto, desnudo como su madre lo trajo al mundo, excepto por un mínimo tanga negro que sólo llama la atención por ser completamente liso, por ceñirse al vientre y desaparecer bajo la ingle en completa lisura.
Esa fotografía, con las luces y las sombras decorativas del fondo, se ha vuelto un icono (ahora inencontrable) de los transgéneros americanos, por esa razón. Porque Leslie no oculta que carece de genitales masculinos, incluso lo subraya con el color negro de su tanga.
No tuvo inconveniente en hacerlo ver; más bien, lo necesitaría. La foto era un banderín de guerra, porque no en vano él se considera sobre todo un guerrero. “Transgender Warriors” fue el título de la obra con la que dijo entonces lo que quería decir, y así sigue llamándose su página, que no es por cierto nada del otro mundo.
Su combate está bastante claro y es indiscutible: el derecho a ser él mismo, por encima de los códigos sociales, demasiado binarios en nuestras cuestiones.
Lo transgenérico, por encima de lo transgenital. Es cierto que él debe de haberse operado el torso, que resulta modelado muy masculinamente; pero no ha necesitado y no ha querido llegar más lejos.
¿Qué es Feinberg? ¿Un hombre inacabado? ¿Una mujer masculinizada? Ni lo uno ni lo otro: es un transgénero perfecto, y le cabe una belleza especial, la transgenérica.
En su página pretende hacer ingeniería lingüística con los géneros del lenguaje inglés, intentando encontrar o crear unos pronombres que correspondan a su realidad. En español tenemos el pronombre ello y el artículo lo, pero sería también complicado usarlos. Es mejor simplificar las historias, usar por ejemplo el masculino en casos como el suyo y dejar que los hechos señalen los significados.
La otra transición fue visibilizada también, hace ya algún tiempo, por Eva Robin’s, la Bibiana Fernández italiana por lo mediática (El genitivo sajón al final de su apellido es un desastre idiomático, que no viene a cuento de nada y una coquetería personal que debe ser respetada)
Tengo un par de fotos bellísimas de ella. Una, procedente de una película, "Evaman", título ya explícito, de Antonio d'Agostino, la muestra desnuda por completo, con el aire extenuado de la Roma antigua, los cabellos largos, la mirada hacia abajo, cansada, en su delicadísimo rostro, los labios entreabiertos de agotamiento, un cuerpo largo pero suavísimo en el que los brazos caen sin un músculo, la pìel nacarada, los pechos hermosos, la línea del vientre suave, desde el ombligo, en la ingle un pene inerte que acompaña al descenso de las lisas caderas y las dulces piernas.
En la otra, que es un posado ante R. Granata, emerge de las lisas aguas del mar, la mirada apretada bajo el sol del verano, el pene justo tocando el nivel del agua, los pechos deslumbrantes, los brazos finísimos, los cabellos bien peinados, largos y sueltos extendiéndose sobre sus hombros, algo de insolencia en su expresión, unos toques de turquesa en el cuello y las muñecas, y las caderas escurridas, muchachiles, algo muy suyo.
Lo más sorprendente de ambas fotos es la naturalidad de su belleza. No es preciso hacerse preguntas; todo es suave y fluido; el pene resulta armónico con el conjunto, debe haber estado allí, es lo que va con la persona que aparece en las imágenes, lo que significa su singularidad y su hermosura.
(No lo diría todo completo si me callara que en Bolonia, en el 2000, me encontré de pronto, yendo con unas amigas, con Eva, que había llegado paralelamente o que vivía allí, y con quien cruzamos unas palabras distraídas antes de que siguiera por su lado y nosotras por el nuestro; es muy pequeña de estatura y toda su gracilidad es natural; resulta muy femenina en todos los caracteres secundarios y es un prodigio de la intersexualidad humana)
Resulta increíblemente consciente y explícita acerca de su ambigüedad. En una entrevista con Bruno Loren en "Interviú", dice que no se encontraba entre los hombres y que descubrió su modelo al ver por primera vez a una travesti. No quiere renunciar a sus genitales, que le agradan y por los que siente una especie de cariño y se considera como un hermafrodita; se imagina, en su ancianidad, como volviendo a una especie de masculinidad asexuada, lo que supone que una identidad masculina sigue extraordinariamente operativa y reclamando su derecho a existir, en el centro de esta representación teatral y a la vez deslumbrantemente sincera, que está siendo su vida.
No hace falta decir que Feinberg es fiel a sí mismo y Eva también; entra las y los trans hay muchas personas muy diferentes, pero en nuestra sociedad democrática ya todas y todos tenemos la posibilidad de ser bastante fieles a lo que somos.




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